VIOLENCIA ENTRE IGUALES, HERIDAS ABIERTAS

¿Qué ocurre para que cada vez haya más casos visibles de acoso y violencia entre niños y niñas, o entre adolescentes?

Hay personas que opinan que el motivo por el que se le llame ahora “acoso escolar” es el mismo que el de hace años, los años de cuando nosotros, ahora adultos, íbamos al colegio o jugábamos en la calle y algún niño se metía con nosotros… o nosotros con otros (¿no?) Que si “Eres muy gordo y no puedes jugar con nosotros”, “Eres una chivata y no queremos que te vengas a nuestro grupo”, “te pego porque no me has cambiado el cromo que quería”, o porque simplemente, “eres un blanco fácil para sentirme más fuerte… “

De todo esto, ¿con qué nos quedamos para necesitar crear planes de mejora de convivencia, de prevención de acoso escolar en los Centros?

Sinceramente, y de forma muy objetiva, con las consecuencias. Hay consecuencias límites que acaban con la vida de niños y niñas, de adolescentes que están creando su fortaleza del YO aún con las relaciones y aceptación o rechazo de los demás. Otros casos, son las fisuras en la identidad y autoestima en ese niño o niña que está tratando de encontrar su sitio entre la necesidad de pertenencia en un grupo social de iguales, y su personalidad propia dentro de su familia.

Y “todo lo que le ocurre a un miembro de la familia afecta a todos”. Y todo lo que se oculta y se intenta evitar al final resurge con más fuerza en un momento de no- control…

El papel que se escoge es el que representa el tipo de dolor que necesita ser escuchado

Cuando un niño o una niña discute, o agrede a otro igual, habría que preguntar: “¿te sientes fuerte o vulnerable, cuando discutes?” Porque a veces lo hacen simplemente por reforzar el papel que necesitan sentir dentro de su foro interno, según cómo vivan aquello que les ocurre en sus vidas. ¿Se sienten invisibles, y eso les da visibilidad?, ¿sienten que es justo que alguien más fuerte que ellos en algún aspecto, les limite para encontrar un equilibrio que solo ellos entienden así justo?

Tendríamos, padres, madres, educadores… que observar con detalle e interés cómo es la fortaleza de su YO. Está claro que uno cuando discute no se siente bien…algo está pidiendo. Y además podemos ver en qué lado se posiciona. Es la necesidad de valorar que ese niño o niña se siente herido/a, y no está preparado para afrontar y gestionar su dolor desde otro lado que desde la conexión del dolor en otras personas a quienes elige (sí, en el fondo elige a quién) para poder canalizarlo de la manera en que sabe manejarse mejor… o víctima o verdugo.

No sabemos, nadie nos educó para expresar nuestro dolor. Niños desde muy temprana edad aprenden a guardarse su pena, a no expresar. Frases que generan pensamientos, emociones, enfrentadas “si me dicen que me quieren, ¿por qué me llaman pesado cuando quiero dar besos o contar algo, o jugar?. Si en casa todos nos queremos, ¿por qué unos gritan a otros y nos enfadamos sin hablar?”. Son conflictos internos, hay niños más o menos racionales, más o menos sensibles… y estas reflexiones y sentires salen sin filtros por no saber encajar en un contexto de adulto, tan solo en el contexto de las emociones de los niños. Y este es un entrenamiento… si aprendemos a dar patadas para defendernos, de adultos daremos patadas. O nos esconderemos, si lo hicimos para no mostrar rabia ni enfado y evitar así ser castigados.

Siempre hay un depredador más grande, más fiero, más veloz que otro en el reino animal. Si hay algo que puede salvarnos es el vínculo desde la empatía, la aceptación y el amor que nace desde uno mismo hacia los demás. Saber cuidar de la salud emocional, y sentirse conectado con los demás.

¿Cómo aplicar estos principios y educar con ellos?

Para poder comenzar a cuidar de la salud emocional, hay que empezar por lo más sencillo:

  1. Identifica cómo te sientes cuando algo te “descoloca”. Cuando te sientes “fuera de lugar”, cuando esperabas algo diferente de los demás, o de ti ¿cómo actúas?
  2. 2. ¿Qué tipo de actitud sueles emplear, de fortaleza, o de rendición? Normalmente, tanto los niños como los adultos adquirimos ese patrón de conducta como un aprendizaje de mucho tiempo atrás, en el que nos hemos sentido más cómodos, realmente. Un niño o adolescente puede buscar esa sensación cuando necesitas canalizar esa frustración o activación de energía en la relación con sus iguales. Es como una “fuga de gas” que necesita hacerse visible.
  3. ¿Quién es la persona que te transmite confianza, que sabes que cree en ti? Debería haber alguna en tu vida. Búscala, porque está accesible siempre que lo necesites. Y ábrete, para expresar cómo te sientes. No te sentirás juzgado, juzgada. Te ayudará a tomar perspectiva en la situación, y sobre todo, te sentirás reconocido.
  4. El reconocimiento es algo necesario y muy escaso, que practicamos poco aun siendo el motor de nuestras mejores decisiones, ya que nos recuerda quiénes somos en esencia. Cuando nos reconozcamos heridos, o cuando reconozcamos a un niño/adolescente herido, antes de actuar, hay que sanar heridas. Un espejo a mano no viene nada mal…

 

Lo importante no es que sea algo ya antiguo, o no tan antiguo, o más nuevo por las tecnologías que definen nuestro tiempo, que propagan la información y el daño en tan solo el movimiento de un dedo… ese movimiento tiene mucha actividad cerebral antes de la acción. Y lo importante es trabajar aquello que lo motiva y en la forma en que afecta a cada cual cuando ya ocurre.

No todas las casas son de ladrillo en la construcción del YO.

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