¡No me gustan los deberes!

¿Cuántas veces has tenido momentos de tensión con tus hijos en lo que va de curso precisamente por los deberes?

“¡Los deberes son un rollo!”. Esta debe ser una de las frases que más se escuchen en todas las casas con niños y niñas de edad escolar, ¿verdad?

Para empezar, ¿quién le puso el nombre de “deberes” a tareas que hacen los niños para reforzar un aprendizaje? ¿Deberes?, ¿A quién le gustan los DEBERES? Deber, obligación… ya nos suena mal. Imposición, algo externo, ajeno. Esto genera rechazo o, cuanto menos, poca motivación.

¿Y si empezásemos a replantearnos el lenguaje que empleamos, especialmente si tiene que ver con aquéllo que se hace pensando en un beneficio personal? Si he de hacer algo que forma parte del juego para aprender según las normas que ya existen, ¿por qué no ponerle un nombre más atractivo? La mente no nos engaña. Sólo recibe la información tal y como nosotros la percibimos y el significado que le damos. Así que os propongo algunas ideas para que las tardes ya no se conviertan en momentos largos y tensos por culpa de estas costumbres… 😉

CREAR EL AMBIENTE MÁS ATRACTIVO

Para que una actividad que nos viene siendo impuesta con cierta frecuencia, y tras una jornada de trabajo con horario y actividades ya establecidas, no nos suponga el trago más difícil del día ya simplemente por cansancio, deberemos cuidar de ciertas pautas. Os lo voy a contar como si fuera para vosotras y vosotros, adultos, y una vez que lo probéis será muy fácil transmitírselo a vuestros niños y niñas. Haréis un buen equipo, y se sustituirán los nervios y enfados por frases motivadoras y espacios de autonomía.

  1. Cuida el ambiente. Procura no crear un ambiente tenso alrededor de las tareas del colegio. Acabamos de llegar a casa y nuestro cerebro necesita desconectar por un momento, confirmando que se encuentra en un lugar seguro y relajado. Puedes empezar por ponerte una ropa más cómoda, una deliciosa merienda, una conversación sin importancia, o simplemente sentarse y dejar la mente en blanco… esto ayudará a cualquiera a desconectar dentro de un espacio agradable, reseteando la memoria ejecutiva.
  2. Pon orden a lo que ha ocurrido hoy, y que merezca tu atención para mañana. Las tareas que se te han pedido, organizar varias cosas que comienzan a acumularse… mejor escribirlas en un papel poniéndolo en un sitio visible, con la información más concreta posible y los plazos para realizarla sin prisas. De lo más urgente a lo importante. Aliviarás de nuevo el pensamiento recurrente de “repaso mental” que nos asalta y secuestra nuestra atención relajada. Desde aquí: llámalo tareas, son más agradables que los “deberes”. Es cuestión de aceptación.
  3. Concreta un momento exacto en el que empezarás con la tarea. No habrá escusas ni retrasos, es un acuerdo decidido de forma consciente para beneficiarte de un tiempo de distensión una vez hayas terminado.
  4. Visualiza el momento de cuando hayas terminado aquéllo que tienes que hacer. Cómo te sentirás al cerrar el libro y guardar todo lo relacionado con la actividad, qué te dirás a tí mismo/a, qué verás sobre la mesa, a tu alrededor… será un refuerzo terminar con satisfacción sabiendo que todo ha sido desde tu elección.
  5. Prepara justo antes de empezar el mejor ambiente que te pueda acompañar: un poco de música, tal vez (si eres auditivo seguro que te ayuda a concentrarte la música agradable y bajita), tu ropa cómoda, un espacio luminoso, prepara tu silla, tu mesa, en la posición que más te guste escribir. Busca y prepara todo lo que vayas a necesitar para hacer la tarea, evitando así interrupciones por levantarte cada vez a buscar algo.
  6. Observa tu cuerpo. La actitud es muy importante e influye de manera cási determinante a la hora de poner en marcha cualquier acción: ¿estoy con actitud atenta, con ganas para hacerlo y hacerlo lo mejor que sé? ¿cómo es mi respiración, tengo la espalda estirada y los pies en paralelo hacia el suelo?
  7. Comprender la información antes que empezar a contestar. Según tu canal de comprensión puede ser un apoyo visual, una imagen, crear una historia mentalmente, subrayar las ideas clave por colores, ponerle orden a los datos esquematizando la información, o poniéndote en el lugar de aquéllo que hay que estudiar o resolver. Sí, la interpretación también es una técnica.
  8. Comprueba y recrea el momento de terminar y guardar.  Celebra que ya has terminado, confirmando que ese momento se parece al que visualizabas (punto 4)  al cerrar el libro y guardar, el mensaje que te envías a tí mismo/a al encontrarte en el momento final de la tarea. Una celebración desde la satisfacción personal. Has cumplido con lo que te has propuesto. ¡Enhorabuena!

 

Espero que estas sencillas claves os ayuden a compartirlo con vuestros hijos para que poco a poco puedan ser más autónomos a la hora de asumir sus tareas. Porque será mejor pasar un día tranquilo en clase con las tareas hechas que sentirte nervioso y con dolor de cabeza o barriga por dejarte llevar por un simple “no me gusta”. Haremos lo que tengamos hacer porque queremos hacerlo. ¡Y recuerda visualizar ese momentazo en que ya has terminado todo!

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