PEQUEÑOS MAESTROS. Escenas para reflexionar

Dicen que sólo se aprende bien haciendo:

“Escuché y olvidé, ví y comprendí. Hice y aprendí”.

Los niños, por ser niños no tienen por qué recibir malas contestaciones, respuestas o críticas que jamás daríamos a un adulto. A un adulto sabemos cómo dirigirnos porque tenemos en cuenta antes de hablar que de no ser así… nos quedaríamos sin amigos y crecerían nuestros enfrentamientos cada día.

¿Y por qué no cuidamos nuestros comentarios y “aspavientos” cuando algo nos molesta, o simplemente por sentirnos cansados, cuando nos dirigimos a un niños? No son contenedores de basura donde lanzar lo que nos sobra del día.

Si les hablamos con el respeto que merecen, desde la empatía, el amor, si las palabras son una caricia aun cuando tienen que ser caricias firmes que les ayuden a localizar dónde tienen el norte, pero siempre desde el acompañamiento de un ser adulto a un ser que aún está formando su interior, su “quién soy yo?”,” me gusto tal y como soy?”, “¿cómo relacionarme con el mundo y las personas: me atacan, me acompañan, me humillan, me comprenden…?”podremos comenzar a tener una comunicación consciente para ayudar a desarrollar una conciencia consciente de vivir respetando, de comunicar con empatía, de tender la mano y no ofrecer el puño.

“El resultado de la comunicación es la respuesta que obtenemos”, nos dice J. Grinder, padre de la Programación Neurolingüística y modelos de comunicación. De nuevo, gracias a los niños que nos hacen de espejo para tener la oportunidad de hacer las cosas mejor cada día.

PEQUEÑOS MAESTROS. Escenas para reflexionar

A veces a los adultos se nos olvida eso de empatizar con los niños, ¡y patinamos!

Hace poco escuché en la consulta del médico a un niño preguntarle a su madre sin mucho disimulo si la señora que estaba sentada justo enfrente de ellos era muda. La madre con gesto de extrañeza le contestó que no le parecía que lo fuese, porque la había oído hablar por el móvil.

Entonces el niño, con su expresión sin filtros (lo mejor de la infancia es la naturalidad y la sinceridad) se quedó tan extrañado mirando a esa señora, que estoy segura que su pensamiento se hizo tan potente que al retumbar en su cabeza para tratar de entender, que hizo eco en el exterior…

-“Entonces, ¿por qué cuando le has dado los buenos días y le has preguntado por la hora de consulta no te ha contestado?”

La mamá, que aún no entendía muy bien la intención de averiguar “qué?” del niño siguió mirándole, en silencio.

-“Mamá, es que cuando los niños no contestamos los mayores nos decís que si somos mudos”

Y ahí dejaría esa reflexión, para cada cuál.

¿Por qué no seremos más empáticos con los niños, si pretendemos educarlos? ¿Acaso alguien se plantea corregir la actitud natural de un niños cuando un adulto, que se supone más dotado de habilidades sociales, no es capaz de mostrar el lado social que supone romper máscaras para dejarse ver y relacionarse mejor?

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Escena 5: Poner el foco en lo importante para evitar daños innecesarios

Cuando queremos resolver algo, ya sea en un proceso terapéutico, de Coaching, o en un momento importante de nuestra vida puede que nos centremos tanto en eliminar el problema que no nos estemos dando cuenta de que la manera que hemos elegido para hacerlo, puede crearnos otro daño o consecuencia nada deseable…

A veces, los niños nos “devuelven a la tierra”. Nos vemos tan concentrados en la tarea que incluso siendo para ayudar a alguien nos olvidamos de lo más importante en esa “misión”, y es ESE ALGUIEN.
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PEQUEÑOS MAESTROS. Escenas para reflexionar

A veces nos cuesta llegar a todo: la casa, el trabajo, las extraescolares, deberes, la compra, la cena, tiempo libre y ocio?. A los niños también les puede ocurrir, que ciertos días se les haga cuesta arriba cumplir con sus responsabilidades. Pero nosotros somos los adultos, necesitan de nuestra orientación para no perderse. Y tampoco somos perfectos. Esa autoexigencia nos puede hacer fallar en más cosas de las que deseamos permitirnos relajar nuestra mente, y entonces llega la culpa.

¡Menos mal que nuestros “pequeños maestros” lo ven más claro! Y de lo que les hemos tratado de transmitir comprobamos en momentos cruciales que no solo lo recuerdan, sino que le encuentran la utilidad necesaria… para devolvernos esa misma enseñanza práctica para la vida.

Madres, padres, coaches y terapeutas podemos visualizar también nuestras propias exigencias y averiguar así dónde nos llevan, y si merece la pena el camino de la exigencia. ¿Transmitimos lo mismo que aplicamos?