Experiencias prácticas

SESIONES PRÁCTICAS DE COACHING FAMILIAR

Cuando una familia acude a sesiones de Coaching familiar, entiende que hay cosas que deben mejorar en sus relaciones y en su forma de comunicarse para sentirse mejor cada uno de los miembros, desde los adultos hasta el pequeño más pequeño de la familia.

Y para eso, tienen cierta conciencia de que algo tienen que cambiar cada uno de ellos, y mucho que escuchar en los demás: de los demás y de ellos mismos. Sus valoraciones, y refuerzos. ¡todos tenemos puntos clave de donde partir, aun en las circunstancias más difíciles!

Y puede ser para continuar bien juntos tanto si existe convivencia como si no la hay. Como en este caso. Padre y Madre aceptaron unirse en un proceso de mejora a través del coaching familiar, a pesar de su relación tensa y posiciones distantes en ciertos aspectos y especialmente en una relación más personal, aunque valoraron que precisamente en este caso sería bueno encontrar la manera de ponerse de acuerdo en aspectos clave como la educación de sus hijos para su bienestar.

Decidieron comenzar un proceso de ayuda que les permitiese comunicarse desde el cariño y el respeto. Así querían empezar una etapa nueva en la que evitar caer en contradicciones entre los mensajes del padre y los mensajes de la madre en su forma de educar. Para permitir que sus hijos les reconozcan como cercanos, conciliadores y defensores de su bienestar, era necesario comenzar con encontrar un espacio en el que dialogar de forma tranquila y amena.

¿PARA QUÉ HACER ALGO DIFERENTE TODOS JUNTOS?

Aun con una base muy poco elaborada, ni siquiera parecían estar de acuerdo en el objetivo inicial de para qué estaban ahí, todos juntos. ¿Qué querían conseguir que ahora no tenían y en qué les podía ayudar yo?

Comenzamos con la pregunta con los niños. Siempre es así.

Los niños muchas veces vienen con ideas equivocadas sobre el sentido que tiene estar en una sala reunidos todos juntos conmigo. Alguno cree que es porque “se porta mal”, otros dicen “no me han dicho nada, y no se me ocurre”… en fin, desde aquí sabes el nivel de comunicación que se está dando en casa en ese momento, mas la idea de los niños sobre lo que está ocurriendo. Dejar que se expresen primero del más pequeño al más mayor ayuda a que los adultos también sean conscientes de cómo perciben los pequeños el momento que están viviendo en casa, con sus silencios y sus conflictos.

LA NECESIDAD DEL CAMBIO

 Una vez clarificado el motivo, comenzamos haciendo una sencilla dinámica de “seguir el hilo”, cada uno de ellos hicieron la historia de su inicio de historia familiar cogiendo un ovillo de lana y haciendo un nudo en un determinado momento, así hasta tres, como tres puntos importantes de referencia hasta el momento actual. Eso sí, cada uno la suya, sin criterios definidos ni influencias condescendientes: emociones a flor de piel, según la realidad de cada uno.

Padre y Madre se sorprenden al escuchar a sus hijos. Cada uno de los niños tiene unos recuerdos que les han marcado más y tienen que ver con la intensidad de las emociones que les produjeron ciertas experiencias.

Ya han conseguido tener información sobre cómo ha de ser la comunicación entre ellos a partir de ahora, y ellos mismos lo van a definir…

Madre y Padre cuentan con recuerdos de cariño cómo fue su relación entre ellos como pareja, lo que les unía, y llegan a las diferencias que les hicieron separarse, por el hecho de que cada uno de ellos sentía unas necesidades diferentes y su forma de resolverlo les distanció. Y sin llegar a más detalle porque no es necesario, verbalizan que en el momento actual, deben respetar que como personas que piensan y actúan de forma distinta han de llegar a acuerdos comunes sin dar nada por obvio en sus pensamientos: hay que expresar.

A través de juegos de metáforas sobre imágenes, situaciones, películas o canciones, cada uno de los miembros de la familia identifica su momento actual de familia como algo diferente. Tras un tiempo, el que ellos necesitaron (es su momento) para hablar y poner en común sus ideas e imágenes, llegan a integrar una imagen común de un EQUIPO.

¿HACIA DONDE PONER EL RUMBO?

Y con la ayuda de una pelota que cada uno de ellos fueron recogiendo y tocando, hicieron un gran trabajo de identificar la identidad de su propio “equipo” y sus necesidades, más allá de las particularidades. Pensaron en equipo y no en individual gracias a ver y valorar desde algo externo.

Esta nueva visión abre a la familia una ventana de grandes posibilidades de mejora y acercamiento al objetivo que se planteé lograr.

¿Cómo se sentirían de cerca a las necesidades que detectaron cada uno de ellos en la pelota/ equipo?

Y si hubiese algo entre ellos y la pelota/equipo, ¿cómo haría cada uno de ellos para acercarse, y cómo harían juntos como equipo para acercarse y cuidar de estas necesidades juntos?

En siguientes sesiones ellos mismos lo fueron resolviendo con diferentes y divertidas (sí, divertidas!) dinámicas y formas de comunicar…