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Una familia es una red de apoyo que necesita ser cuidada. Hay situaciones que se dan dentro de cualquier familia, y lo importante es cómo las estéis viviendo vosotros.

Las sesiones de Coaching familiar favorecen un espacio de apertura, un encuentro con tus propias emociones y las de tus seres queridos. Que conectan desde un clima de comprensión y apoyo, que se unen para ser escuchadas desde el interior de cada miembro de la familia, que proyectan juntos su futuro… Que desean ser familia cada día.

 

Éste es un homenaje a las mujeres, a las familias, cuidadoras:

Carta “De madre a madre”

“Hoy quisiera contarte muchas cosas. Tengo tantas emociones guardadas aquí dentro, tan dentro de mí, en el corazón…que siento que si no las compartiese contigo, mi corazón estallaría.

Y no pienses por eso que estoy triste, porque no es así. ¡Estoy felíz! Tuve la suerte de conocerte en esta vida de caminos abiertos. Tú buscabas, y yo te encontré. Desde que me diste vida supe que eras tú la persona que me llenaría de vida cada día, que dedicaría el tiempo y el cariño a enseñarme cuanto fuese necesario para convivir con el mundo.

Porque cuidar no es solo atender las necesidades de otro. Es sentir, compartir, conocer. Conozco tus expresiones, tus gestos, ¿o acaso crees que me pasan desapercibidos?. Gracias a conocernos, hemos bailado las penas aún cuando nos miraban ojos de extrañeza. Hemos cantado a la luna cuando la oscuridad nos escondía la cordura. Hemos llorado juntas para que nos acompañara el llanto al sentirnos solas, por mucha gente que nos rodease.

Cuidar de ti es más que cuidarte. Cuidar de ti es dar gracias a la vida, cada día. Acariciar los retos de una manera especial, sabiendo que no hay nada que se ponga de por medio siempre que sigamos queriendo caminar.

Y caminar juntas es lo mejor que me podía pasar. Aprender de lo importante, y lo importante está en tus ojos cuando te miro, y descubro aún ese brillo que me dice que podemos alcanzar nuestros sueños, que es cuestión de quererlos abrazar. Entonces te abrazo, y pienso en no perder ni un solo minuto en discusiones por perder la paciencia, o por maldecir esta enfermedad que te ha devuelto a la niñez. Aprendo contigo a jugar desde el corazón y la inocencia; por muchos años que pasen, nada volverá a ser como antes, como cuando tú me alimentabas desde tu pecho y velabas mis sueños con suaves nanas. Ahora yo te ofrezco lo que tengo, te acompaño en esta corta, y larga vida. Pero siempre agradecida. Y sé que lo estoy haciendo bien cuando te escucho llamarme “madre” en un momento de ausencia.

Al principio fue difícil, no te lo voy a negar. No quería ni imaginar cómo cambiaría mi vida si tú necesitabas cada vez más de mí. ¿En qué rincón de mi cuerpo quedaría yo? Ahora entiendo tantas cosas, que quisiera agradecerte haberme ayudado a encontrarme un poquito más a mí misma.

Tú me enseñaste lo que es el amor incondicional, sin restricciones, sin posesiones. Lo practico cada día con mis hijos y mi marido, como el mejor legado que me hayas podido ofrecer. De ti aprendí a sonreír en mitad de la noche, a permitir equivocarme y volver a intentarlo, a luchar por lo que se quiere y a decir “te quiero” todos los días…porque todos los días te quiero.

Debí olvidarlo cuando todo esto empezó, y tomé la decisión de entregarme a tu cuidado ¡estaba tan preocupada por ti! Que eso me hizo olvidar el apoyo que estaba deseando ofrecerme mi familia, mientras sufrían por las dos. Yo los mantuve al margen, pensando en no cargarles de esta responsabilidad que sentía mía en exclusiva…se me olvidó lo importante, se me olvidó que me querían.

Cuando una familia se quiere, se une. Lo que le afecta a uno, le afecta al resto. Es una cadena de emociones.

Yo dejé de dormir, de cuidarme y aceptar cuidados. Dejé también de sonreír cuando alguien se acercaba para darme un beso. ¡Me sentía exhausta, confundida, asustada!.

Mi familia preocupada por mí, pidió ayuda. Al fin nos dimos cuenta: necesitábamos recuperarnos todos juntos, y reforzar nuestro amor. Así como el amor propio, y mi amor hacia ti, que se había convertido en pena y lágrimas.

Este proceso familiar duró el tiempo necesario para cubrir fisuras y remodelar nuestra familia por dentro. No es para menos, después de un cambio tan importante en nuestras vidas. Cada cual aportamos nuestras cualidades, nuestra mejor versión, para llegar a ser la familia que queremos ser; compartir nuestra forma de sentir, y crear un espacio a algo que nos cambió las vidas a todos: cuidar nuestras relaciones mientras cuidábamos de ti.

Fue una sorpresa para mí darme cuenta de que no estaba sola, que ellos querían estar a mi lado. Y yo no quería apartarme, mi vida también mejora a su lado, como al tuyo. Es mejor sumar que renunciar…

En una familia, todos juntos somos mucho más que cada uno de nosotros. Si yo estoy bien, ayudo a que todos estemos mejor. Y esa es la aportación que cada día nos regalamos todos.

Ahora, me queda agradecerte tanto…Aún recuerdo tu imagen de cuando yo era una niña, y tú me contabas por las noches cuentos de azúcar. Tan dulces, que siempre dan ganas de más. Hoy soy yo quien te acuesta cada noche, y te cuenta algo bonito para que tus sueños estén tranquilos, deseando seguir haciéndolo cada noche. Hasta que la vida decida llevarte a otro lugar. Y para entonces, yo estaré tranquila por habernos cuidado las dos.”

 

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