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EL ANTIDEPRESIVO

Estás tranquila. Pasan los días y de repente, los años. Pasan sin darte cuenta.

Mientras pasa el tiempo nos ocurren cosas que dejamos pasar: si nos pilla débiles, si nos da miedo que las cosas cambien, si pensamos y no sabemos si que nos duela es normal. “¿A quién me voy a quejar?, ¿a qué otro lado me voy a arrimar?. Mejor me espero. Igual se pasa y no tengo que hacer nada”.

MIENTRAS NO TE MUEVAS

“Si todo lo demás cambia, el tiempo, la luz del día, la gente que está y se va… Igual se arregla solo.

Me quedo con mi mantita abrazada al sofá. A veces, si me muevo me duele.

Y ya llevo mucho tiempo así. ¿Cuánto ha pasado? ¿Cuántas pelis llevo vistas desde aquí? ¿Cómo empezó todo?

Sólo sé cómo estoy ahora. No me siento bien. Me siento sola, arrugada. Y miro por la ventana. Aunque parezca que haga frío, allí se estará mejor. Me dará el aire. Podré mirar lo que de verdad existe, y no como en las pelis que me han entretenido durante este tiempo insípido, porque ya no siento nada.

Y puede que me canse, o me aburra. Podré volver a casa, a sentarme de nuevo en el sofá.

Y en el caso que ocurra algo que me cambie la vida… solo por salir y estar ahí, con todo lo demás. Entonces me daré una vuelta.

Conoceré gente y lugares nuevos en las mismas calles de siempre; y serán distintas para mí. Llamarán mi atención y miraré a otro lado de donde estoy mirando ahora. Entonces algo cambiará.

Porque si miro, me duele.

Voy a atreverme a mirar. Porque no sé lo que tengo.

Pensar en la calle me ha hecho pensar diferente.

Acabo de hacerlo.

Menuda sorpresa me he llevado, ya no reconocía mi cuerpo. Ahora sé cómo estoy. Ya tengo una imagen de mí completa.

Hace tiempo, mucho tiempo, que la tenía fragmentada y no encontraba una imagen de mí misma en mi mente. Y jamás me miré a un espejo. Nunca quise levantarme del sofá.

Ahora el hedor se ma removido y llega hasta mi nariz, ¿cómo es posible que estuviese anulando mis sentidos sin darme cuenta?

Qué ciega he estado. Tan solo imágenes sordas de una pantalla en constante animación vacía.

Vacía como mi centro. En mi ombligo no tengo nada. Se me ha creado un hueco.

Y aquí vive alguien.

Alguien que no soy yo, y se ha adueñado de mi cuerpo y de mi alma. Eso es aún peor…

Pues no pienso abandonar, voy a alimentarme para no dejarle más espacio. Hasta que se tenga que ir.

O el vacío o yo.”

Y, ¿QUÉ HACER CUANDO DESPIERTES?

Ahora es el momento. Ya ha empezado el cambio, tu cambio. Porque tu vida es constante.

Y puedes paralizarte y dejar que todo evolucione desde tu olvido y tu lamento; y también puedes elegir el otro lado del sofá. Donde nada duerme, donde puedes contar tu historia desde aquéllo que te emociona, que te cuesta alcanzar, que te libera, que te escuece… desde el lado en el que puedas sentir y te alimentes de tu propia vida, sin dejar que ningún huésped llamado x (ya sea miedo, tristeza, ¿cómo dirías?) se apodere de la suerte de contar contigo.

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