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FAMILIA. El Sueño En Los Niños, ¿qué Hacer Con Las Pesadillas?

En España, alrededor de un 30% de los motivos de las consultas en Pediatría está relacionadas con algún problema ligado al sueño.

Y es que los niños que descansan peor por la noche muestran mayor dificultad para relajarse y estar atentos, irritabilidad, mal humor, dificultades para asumir nuevos retos y aprendizajes y problemas de conducta. Por no mencionar los problemas de conciliación, descanso y salud para sus padres o cuidadores, que no pegan ojo por la noche y por el día toca afrontar un sinfín de tareas y responsabilidades…

A parte de cuidar de las rutinas, horarios, actividades relajadas, nada de estímulos que activan la mente (como tablets, tele, móvil o aparatos electrónicos varios con luces, sonido y movimiento demasiado estimulantes), debemos acompañar al niños en su conquista hacia la seguridad a la hora de dormir, como un momento tranquilo e idóneo para el ansiado descanso tras la actividad de todo el día activo ¡al día siguiente viene más! Pero, aquí viene la gran pregunta: ¿y qué hacemos con las pesadillas?

PRESIENTO QUE VOY A TENER UNA PESADILLA ESTA NOCHE…

Cuando un niño, una niña, empieza a ponerse nevioso/a después de la cena, o cuando llega el momento de ir a la cama podemos deducir de manera muy clara que algo le está afectando en relación con el sueño.

Puede que no sea capaz de identificarlo, por lo que no podrá decirnos qué le pasa y sólo observaremos su conducta: retrasa el momento de meterse en la cama con cualquier invención o excusa, se hace “el sordo/ la sorda” cuando les avisamos de que tiene que acostarse, nos pide que le acompañemos a la cama, hace interminable el momento del cuento con preguntas sin fín. Hay una lista inmensa de estrategias muy bien desarrolladas por cada uno de nuestros pequeños hijos. Dicen que “la necesidad agudiza el ingenio”, y este es un claro ejemplo de que así es. ¿Qué les está pasando para que “monten este circo” cada noche?

A los adultos nos tocará leer entre líneas y acompañarles en este momento de cansancio, teñido de cierta ansiedad, por parte de los niños y muy fácilmente compartido. Unos porque no quieren dormir y otros porque están deseando que lo hagan. Ahora, tomando en cuenta que los niños son puramente emocionales, que les cuesta identificar y verbalizar sus emociones y sensaciones, también sus miedos, podremos ver cómo nos habla su cuerpo (por eso es que muchos niños somatizan sus sentimientos a través de dolor de cabeza o de estómago, por ejemplo).

¿Qué hay detrás de ese miedo a dormir?

¿Recuerdas alguna mala experiencia, en la que tuviste una pesadilla y luego te costó volver a dormir? De hecho, puede que te costara por un momento identificar si ese sueño tenía parte de real o no, puede que hasta te afectase y le dedicases un momento a pensar en ello con el corazón agitado, puede que asociases las imágenes, las personas y los diálogos que aparecían en el sueño con experiencias vividas o que están por llegar, ¿es así? Dime que no te ha ocurrido nunca… porque seguramente nos haya pasado a todos alguna vez…

UNA HERRAMIENTA EFICAZ PARA DESPEDIR A LAS PESADILLAS

En la etapa infantil es en el momento de nuestras vidas en que realmente podemos ser más vulnerables, ya que nos faltan recursos para afrontar con eficacia ciertas situaciones. Y si hay algo que nos afecta mucho, tendremos un cable conectado de por vida que nos recordará ante ciertas situaciones que hay cosas que nos cuesta resolver desde nuestro Yo adulto, ya que nos llevará como por arte de magia a nuestra sensación de estar ante una situación que se nos hace grande con unas defensas pequeñas, como cuando éramos niños.

Por suerte, cada vez contamos con más información y más empatía a las emociones de los niños, lo que nos permite ser más capaces en nuestra misión como acompañantes en su desarrollo, ayudándoles a descubrir por sí  mismos su propia riqueza y ofreciéndoles por otro lado los recursos que sabemos para tenderles puentes hacia su autonomía y bienestar emocional, desde la seguridad y refuerzo de un vínculo amoroso estable y de confianza.

Si un niño nos dice que tiene miedo a soñar pesadillas es digno de agradecer que nos lo esté contando, y merece ser respetado y tratado con suma delicadeza: está depositando su confianza en nosotros compartiendo algo que le asusta, y que posiblemente le haya costado atreverse a decir. No nos creamos súper héroes tampoco: somos su persona de confianza, no le fallemos haciendo como si eso no fuese nada, o diciéndole que nosotros estaremos ahí siempre para que no le pase nada. Es cierto que haremos lo posible por protegerles, pero ¿podría ser más interesante explicarles que sabemos que hay algo que puede hacer si tuviese una pesadilla para hacerla desaparecer, y que a la vez estaremos a su lado si nos necesita?  Desde luego que lo es. Así podrá manejar sus miedos y saber que es capaz de enfrentarse a ellos, y contar con ayuda si la necesita.

Hace poco se me dió la situación de pasar por esto. Hubo un niño que me dijo que tenía miedo a dormir por si tenía pesadillas, y prefería “estar alerta” para que no viniesen. Y desde esta conversación tan íntima, le expliqué algo que sabía que si se hacía bien, funcionaba seguro.

“Cuando te imagines algo que te da miedo antes de dormir, o si ya te has conseguido dormir pero una imagen que te asusta te despierta y te hace llorar, ya tienes lo que necesitas para hacerla marchar. Sabes que las pesadillas son imágenes, como los dibujos, pero que en este caso están en nuestra imaginación y a veces salen. Pero no pasa nada. Mira, como están dentro de nuestra imaginación, vamos a imaginar que tenemos un globo. Si, un globo que puede hacerse todo lo grande que necesites, y es del color que quieras que sea. ¿ De qué color es ese globo? (…. ) Bien, pues ese globo de color, por ejemplo, verde es el que va a llevar dentro tu pesadilla muy, muy lejos, como esos globos que si se te escapan ya no los puedes coger por que vuelan muy, muy alto hasta que dejas de verlos. Los conoces, ¿verdad?

Pues ahora vamos a soplar muy fuerte para meter con nuestro aire esa pesadilla que estaba en tu imaginación, ahora dentro del globo. Imagina que tienes el globo en tus manos y soplas y soplas hasta que toda la imagen de la pesadilla está muy dentro. Que no quede nada. Eso es. Y ahora, si estamos seguros que ya está todo dentro del globo, le hacemos un nudo imaginario, y ¡a volar! Lo soltamos hacia arriba y vemos cómo sube y sube, y cada vez se hace más pequeño hasta que perdemos de vista ese globo verde con esa imagen de la pesadilla. Ya me marchó, y ahora ya podemos estar tranquilos, nos tumbamos en la cama de nuevo y respiramos despacito, dejando que nuestros ojos se cierren al ritmo de nuestra respiración “

Y así será como practiquemos una herramienta más dentro de toda esa mochila que llevamos siempre para atender grandes desafíos 😉

 

 

 

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