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LA CREATIVIDAD COMO MOTOR DE CAMBIO

En líneas generales, la creatividad puede definirse como la capacidad de desarrollar y expresar el potencial humano desde diferentes áreas integrativas del ser humano: cognoscitiva e intelectual (del conocimiento y el pensamiento), volitiva y conductual, y afectiva. Esto se resuelve dentro de un ambiente favorecedor del pensamiento libre, sin juicios ni condicionamientos.

Desde diferentes disciplinas se ha llegado a tratar la parte inconsciente del cerebro como propulsora de la creatividad.

Puede que por sus condiciones familiares, socioeconómicas y educativas dentro del ámbito familiar en el que se desarrolla personal y evolutivamente, la persona no haya podido descubrir su parte creativa y esto le esté impidiendo avanzar en alguna de las etapas de su vida, tanto en la infancia como en la edad adulta.

Y desde la disociación el cerebro puede trabajar desde un nivel mas inconsciente dejando fluir su creatividad como motor de cambio de estrategias a la hora de afrontar situaciones, que en su vida cotidiana le impiden avanzar de forma sana, o equilibrada, y necesite ayuda desde otras disciplinas o terapias para alcanzar su objetivo y continuar con su vida tal y como elija hacerlo satisfactoriamente. Afecta, por lo tanto a un nivel personal, afectivo, social e intelectual.

Varios autores de diferentes épocas y entornos han estudiado la forma de generar la creatividad, a partir de investigaciones y estudios, tanto con niños con diferentes recursos económicos, o niveles culturales diferentes, y su repercusión en la edad adulta, ya que es una cualidad que se desarrolla y afecta en el desenvolvimiento de sus competencias a lo largo de toda su vida.

Tan importante es favorecer un ambiente flexible al cambio, a la expresión de emociones y de ideas y pensamientos, y al no enjuiciar estas expresiones en casa como en la escuela.

Por eso que la familia, como primer grupo de interacción social del ser humano, es un medio especial y único que puede favorecer o dificultar el despertar de la creatividad.

Si la cultura que se crea en una familia tiene las características de ser una familia abierta, tolerante, con gestos de aceptación y amor incondicional en el niño, éste será invitado a explorar por sí mismo, a reflexionar, a conquistar su autonomía haciendo cosas por sí mismo y resolviendo dificultades; lo que le ayudará a resolver conflictos, a establecer relaciones de confianza y cariño, y a adquirir un autoconcepto positivo con una autoestima ajustada, capaz de afrontar situaciones nuevas, adaptarse a las normas y crear otras nuevas desde la empatía y el respeto hacia sí mismo y a los demás,  y aprender de las dificultades y errores con cierta tolerancia a la frustración.

Por eso que para educar en la creatividad se recomienda:

  • Tolerar la ambigüedad y la incertidumbre
  • Favorecer la voluntad para superar obstáculos y perseverar
  • Desarrollar la autoconfianza y el compromiso con las convicciones que manifiesta cada niño
  • Propiciar un pensamiento reflexivo a través de la cultura de trabajo, confiar en el potencial que tiene cada niño como ser especial y único
  • Atreverse a equivocarse para aprender, no para ser juzgado
  • Premiar las conductas responsables, incorporar el cambio como algo cotidiano y perderle el miedo a la inseguridad que pueda crear lo desconocido
  • Fomentar el diálogo y la cooperación en casa, fomentar el sentido crítico y establecer conexión entre el conocimiento intelectual y los recursos afectivos, para unir el pensamiento creativo y reflexivo.

Como conclusión, la clave de la creatividad es la motivación para hacer algo creativo, ¡esto lo hace aún más divertido!

Deberíamos educar disfrutando, y disfrutar mientras educamos.

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