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Las Alas De Ícaro

Todos tenemos un sueño.

Cada uno de nosotros hemos imaginado, al menos una vez en la vida, poder alcanzar algo de lo que nos hayamos imaginado desde la infancia. En la niñez se fraguan los mejores deseos, las metas más deseadas, nuestra mejor versión de lo que realmente son los logros que esperamos de nosotros para ser felices.

Pero pasa el tiempo, y los años pueden estropear el mejor de los vinos si no se toma a tiempo.

Tenemos recursos, o en algún momento los tuvimos y supimos emplearlos.

Tenemos sueños… y eso hace que se teja la esperanza desde un ovillo tan largo como la intensidad de esos sueños.

Tenemos confianza. La confianza es la puerta de salida del miedo. Es valiente, perseverante, resolutiva y muy, pero muy imaginativa. Con la confianza podemos caminar seguros y construir cimientos.

Y si alguien se quedó atrás, aún hay camino que recorrer. Sólo hace falta que alguien te susurre bien suave al oído que “puedes usar de nuevo tus alas”.

Por eso, hoy quiero regalarte un cuento. Este es uno de los Cuentos del intramundo de Alejandro Jodorowsky que más razones me ofrece para seguir volando:

Ícaro

Cuentan que Ícaro, prisionero en un laberinto, con plumas y cera se fabricó dos alas y se escapó volando. Voló tan alto que el sol fundió sus alas. Después de una caída vertiginosa, se estrelló contra el suelo… En realidad Ícaro quería llegar hasta el sol. Ayudado por sus alas, subió y subió hasta que penetró en el astro rey. Entonces se hizo sol e iluminó la noche de los hombres dormidos.

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