Saltear al contenido principal
LOS HIJOS PUEDEN SALVAR LA FAMILIA

Cuando se presenta una familia con una dificultad en su día a día, dentro de su dinámica de relación, de comunicación, es muy común que el síntoma de lo que está ocurriendo en esa familia venga representado en forma de “mala conducta en los niños”.

Y puede derivarse de multitud de variables, así como diferencia en los estilos de crianza entre sus cuidadores, límites por exceso o por defecto, ausencias en sus figuras de referencia (una madre, un padre… su cuidador principal), un momento transitorio de inseguridad o miedos muy definido por su etapa de desarrollo, o una situación especial que desestabiliza el equilibrio inicial que reinaba en casa, como la llegada de otro bebé a la familia, por ejemplo. Y es necesario reestablecer el lugar que cada cual ocupa en la familia. El sentimiento de pertenencia es básico para que cualquier persona pueda sentirse seguro y actuar como si así lo fuese con la tranquilidad que lo confirma.

Cuando los hijos son preadolescentes, o adolescentes, se siguen dando cambios en la personalidad del hijo que merece una atención especial, presentándose como un reto para los padres… ¡y también para los hijos que están sufriendo esos cambios! Todo cambia. Dicen que lo único que permanece es el cambio; y así es.

Una familia pasa por diferentes etapas, y no siempre resulta igual de sencillo leer entre líneas, entender los cambios y adaptarse a ellos para encontrar un equilibrio armónico.

A veces los hijos nos traen situaciones que no esperamos. Nos confrontan, nos dificultan seguir con las normas y costumbres que tratamos de crear desde su nacimiento para sentir el control de lo que ocurre y cómo queremos que ocurra en nuestra “cultura familiar”, que no se repite en ninguna otra familia más que en la nuestra. Es genuina. Ahora bien, lo que sí se transfiere es precisamente el hilo invisible de las expectativas que volcamos en ellos, o ese lugar que le hemos ido otorgando de forma sutil y que ya le perteneció a otra persona, desde un ”eres igual que tu abuelo”, “tienes las mismas manías que tu madre”, “eres igual de (…) que tu (…)”. Sin darse uno cuenta puede estar cargando un peso en las espaldas de un hijo que no le pertenece. Se etiqueta, se limita, y más aún: se hace desde un lado comúnmente negativo y sin tenerlo resuelto en el familiar que lo añade, pretendemos que nuestro hijo lo resuelva sin pistas, sin darle la posibilidad de creer que tiene solución cuando se le expresa su destino. También la expectativa o el deseo de ser quien realmente no se desea ser, simplemente por no haber elegido y por no ser la persona que lo desea. Tu hijo o hija es otra persona, es sí mismo/a. Y esto les puede complicar la existencia, y a los padres la paz.

Cuando la familia decide dar luz a este desencuentro, por no encontrar la coherencia que desean dentro de sus relaciones, se abre el camino del caos. Y con éste, la posibilidad deresolver el problema.

Bert Hellinger, un filósofo, pedagogo y terapeuta de los más influyentes por su trabajo con familias del siglo XX y XXI, nos dice que “si la criatura se desvía (o si nosotros nos desviamos de ella), tenemos miedo a perder la pertenencia. Ese miedo es la mala conciencia. Mala conciencia quiere decir por tanto: Tengo miedo de haber perdido mi derecho a la pertenencia”. Y la pertenencia supone aceptar sin exclusión y con implicación a todos los miembros de la familia, aun cuando el reflejo de alguno de los familiares de generaciones anteriores se esté manifestando en alguna de las conductas del hijo.

Uno de los aspectos a abordar desde la atención a familias es la de reforzar el autoconcepto y el sentimiento de pertenencia de cada individuo. A veces es necesario hacerlo desde la comprensión de las generaciones a quienes representa cada familia desde el propio vínculo familiar (algo que también ocurre en casos de separación de los padres con una mala relación entre ambos).

Y solo así podemos cambiar el contexto del problema y crear un movimiento distinto que haga que la familia avance de forma consciente hacia el cambio que desea producir, incluyendo los lazos del amor en una nueva y más positiva dinámica familiar en la que caben todos… con sus numerosas facetas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba