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LOS LUNES, ESOS ESTUPENDOS DÍAS HORRIBLES

Los “días horribles” nos predisponen a prepararnos para “momentos horribles” que ya damos por sentado que vamos a tener. Y estos “momentos horribles”, si son vividos desde una emoción intensa, se archivan en nuestra memoria emocional para toda la vida. Una manera de afrontar las dificultades es empleando el humor. El humor “amortigua los golpes, encontrando el lado cómico o mas amable, al menos, de cada situación”.

“¡Odio los lunes!”. Así puede empezar la primera frase del día de muchas personas cuando comenzamos semana, incluso antes de estar despiertos del todo…

Y así es como hoy precisamente se ha despertado mi hijo de 5 años. ¿Lo habrá escuchado en los dibujos de Bob Esponja?, ¿No es demasiado pequeño para decir esto?

¿CÓMO SINTONIZAR LA EMISORA DEL BUEN HUMOR POR LAS MAÑANAS?

En fín, no había manera de que se despegase de las sábanas, ¡y con tremenda afirmación como pegamento!

Lejos de tratar de desmontar su idea y convertir el momento de los buenos días en una mezcla de debate interminable con prisas (apostaría a que eso no acabaría bien), me sumé al juego. Lo mejor para empezar el día no es la queja, sino el humor.

-“Los lunes son días horribles, mamá. No puedes descansar todo lo que quieres porque hay que ir al colegio, y encima a trabajar todo el rato. Y puede hasta que te castiguen”

-“!Uy! Si, si. No sabes que día horrible me espera a mí… bueno, ya ha empezado, mira: me he ido a poner una chaqueta y se me ha descosido por el cuello. ¡Me va a tocar coserla antes de salir de casa!”

Aquí ya empiezan las primeras risas de la mañana que hacen que el cuerpo se ponga en movimiento, aunque sea por el interés de ver el daño en la chaqueta. El cerebro segrega esas primeras endorfinas que amortiguan el golpe del madrugón y te predisponen a averiguar qué mas se puede hacer para experimentar nuevas experiencias del día.

-“Pues yo tengo que hacer fichas hasta la hora del comedor, y luego en el recreo si uno no se porta bien, le castigan sin jugar… ¡eso sí que es horrible!

-“¡Andá! Eso si que es horrible. ¿Y por qué cosas te castigan?”

-“Una vez me castigaron por acercarme mucho a la puerta del cole para coger una pelota. Yo no sabía la norma de que no se podía estar ahí, y encima me llevé dos broncas: una de la monitora que me vió y otra, de la jefa de monitoras ¡Y luego castigado, sentado en un banco sin poder jugar!”

No voy a negar que escuchar esto me puso un poco seria (llegué a imaginar otra de las situaciones frustrantes de Bob Esponja). Cuidar de nuestros hijos en el cole es de lo que más valoramos las familias, pero las cosas se pueden hacer de otra manera siempre que haya normas de por medio… Así que desde aquí decir que para evitar “momentos horribles” a niños y adultos, en general, quien tenga más poder (esto es, quien conozca la información sobre cómo se rigen las normas de un lugar) debe explicar primero las normas a todos los que forman parte para que surja la igualdad de condiciones y la posibilidad de tomar decisiones responsables.

NUESTRA MEMORIA EMOCIONAL EN “MOMENTOS HORRIBLES”

Esos “momentos horribles” pueden grabarse en nuestra memoria emocional en mayor o menor grado, según con qué emoción y su intensidad lo estemos archivando en nuestros ficheros de los recuerdos en nuestra mente. Si son vivencias que no resultan nada agradables y las consideras injustas por la falta de empatía, generan inseguridad en uno mismo y en los demás, y se terminan vinculando negativamente con el lugar en el que se producen y la persona que está implicada, generalizándose a más personas con las que nos encontramos con conductas que nos resultan similares. Nos saltará un resorte de ¡Atención, cuidado con esto! Y aparecerá nuestro “perro guardián” en forma de:

  • conducta defensiva, con parálisis o impotencia: “ostracismo”, romper a llorar
  • conducta de ataque: malas contestaciones, agresividad…

¡PRACTICAR EL BUEN HUMOR!

Por eso que, ante los días horribles, hay que ser osado y emplear el humor. El humor amortigua los golpes, hace ver las cosas desde muy diferentes puntos de vista, desdramatizando y encontrando el lado cómico, o más amable al menos, de cada situación. Porque es posible llorar mientras uno se pregunta si podría ser peor. Y normalmente la respuesta es “sí, podría ser peor, así es que vamos a relajarnos”.

Es cuestión de práctica, no sale cuando uno se lo propone si no ha educado antes su mente a hacer este genial ejercicio. Será mejor que empecemos cuanto antes, y sobre todo, enseñemos a nuestros hijos desde nuestra propia práctica a sonreírle a la vida.

Después de una conversación de este tipo, al llegar a la puerta del colegio, no podíamos despedirnos de otra manera que no fuera con un “¡Que tengas un estupendo lunes horrible!”. Muchas risas cómplices en medio de esta confusión de términos: día horriblemente estupendo, día estupendamente horrible… que después dará lugar a compartir cómo lo hemos logrado.

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