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Cuando Dejemos De Respirar

Se dice que en pocos años estaremos consumiendo servicios, como comprar un coche que conduce por tí, los contratos de trabajo se verán reducidos a acciones concretas, con una relación laboral no más larga que el objetivo de producción prefijado, la compra la haremos a distancia y con comida ya cocinada. El otro día me enseñaban un spray que funciona como un champú en seco, “para no tener que lávartelo” … parece que todo esto nos ahorrará tiempo, pero ¿a qué dedicaremos ese tiempo que nos sobrará? ¿podremos estar más con nuestros hijos, o con las personas que queramos compartir nuestro tiempo, nos dedicaremos más a cuidarnos y enriquecernos con nuestros hobbies, ganando en calidad de vida?.

El principito nos sirve de inspiración y reflexión en estos días. Sus diálogos contienen una sabiduría atemporal y aún habiéndose publicado por primera vez en 1943, este efecto tiene que tiene que ver con los valores que transmite. Nos enseña a crear lazos, entre el zorro domesticado y el principito; desde el cuidado de SU rosa, el principito nos transmite la sensación de sentir que alguien es especial y único frente a todo lo demás. Y entre sus brillantes frases y poco convencionales situaciones en las que se desarrollan los aprendizajes de personajes y el principito (aquí todos aprenden de todos) podemos recordar alguna de ellas, como por ejemplo, algo que parece que empieza a marcar tendencia en la forma de vida dentro de la sociedad actual y futura, muy a corto plazo: consumir necesidades, evitando “perder el tiempo”. 

Ojalá nos acordemos de esta reflexión a la que nos invita El principito:

XXIII

-Buenos días- dijo el principito.

-Buenos días- dijo el mercader.

Era un mercader de píldoras especiales que aplacan la sed. Se toma una por semana y ya no se siente necesidad de beber.

-¿Por qué vendes eso?- dijo el principito.

-Es una gran economía de tiempo- dijo el mercader-. Los expertos han hecho cálculos. Se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.

-¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?

-Se hace lo que se quiere…

<<Yo- se dijo el principito-, si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría tranquilamente hacia una fuente…>>

Y con este pensamiento, dicho todo. Que no perdamos la cordura al poner en un rincón cada experiencia que nos permite diferenciarnos de robots, o seres no “humanoides”. Nuestras experiencias, dificultades y emociones son inherentes al ser humano y nos armonizan con los recursos naturales de los que somos parte, y no dueños. Necesitamos mantener un equilibrio sincero con nuestro propio cuerpo, y con la vinculación entre nuestro bienestar y todo el ecosistema natural del que formamos parte. Gracias a nuestras experiencia y el aprendizaje que nos traen en el sentido más amplio de su significado es lo que nos ha permitido encontrarnos donde estamos. No nos echemos a perder precisamente por creernos dueños del tiempo. Y de la vida.

Dejemos de pensar que alguien respirará por nosotros.

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