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PEQUEÑOS MAESTROS. Escenas Para Reflexionar

A veces a los adultos se nos olvida eso de empatizar con los niños, ¡y patinamos!

Hace poco escuché en la consulta del médico a un niño preguntarle a su madre sin mucho disimulo si la señora que estaba sentada justo enfrente de ellos era muda. La madre con gesto de extrañeza le contestó que no le parecía que lo fuese, porque la había oído hablar por el móvil.

Entonces el niño, con su expresión sin filtros (lo mejor de la infancia es la naturalidad y la sinceridad) se quedó tan extrañado mirando a esa señora, que estoy segura que su pensamiento se hizo tan potente que al retumbar en su cabeza para tratar de entender, que hizo eco en el exterior…

-“Entonces, ¿por qué cuando le has dado los buenos días y le has preguntado por la hora de consulta no te ha contestado?”

La mamá, que aún no entendía muy bien la intención de averiguar “qué?” del niño siguió mirándole, en silencio.

-“Mamá, es que cuando los niños no contestamos los mayores nos decís que si somos mudos”

Y ahí dejaría esa reflexión, para cada cuál.

¿Por qué no seremos más empáticos con los niños, si pretendemos educarlos? ¿Acaso alguien se plantea corregir la actitud natural de un niños cuando un adulto, que se supone más dotado de habilidades sociales, no es capaz de mostrar el lado social que supone romper máscaras para dejarse ver y relacionarse mejor?

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