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PEQUEÑOS MAESTROS. Escenas Para Reflexionar

Dicen que sólo se aprende bien haciendo:

“Escuché y olvidé, ví y comprendí. Hice y aprendí”.

Los niños, por ser niños no tienen por qué recibir malas contestaciones, respuestas o críticas que jamás daríamos a un adulto. A un adulto sabemos cómo dirigirnos porque tenemos en cuenta antes de hablar que de no ser así… nos quedaríamos sin amigos y crecerían nuestros enfrentamientos cada día.

¿Y por qué no cuidamos nuestros comentarios y “aspavientos” cuando algo nos molesta, o simplemente por sentirnos cansados, cuando nos dirigimos a un niños? No son contenedores de basura donde lanzar lo que nos sobra del día.

Si les hablamos con el respeto que merecen, desde la empatía, el amor, si las palabras son una caricia aun cuando tienen que ser caricias firmes que les ayuden a localizar dónde tienen el norte, pero siempre desde el acompañamiento de un ser adulto a un ser que aún está formando su interior, su “quién soy yo?”,” me gusto tal y como soy?”, “¿cómo relacionarme con el mundo y las personas: me atacan, me acompañan, me humillan, me comprenden…?”podremos comenzar a tener una comunicación consciente para ayudar a desarrollar una conciencia consciente de vivir respetando, de comunicar con empatía, de tender la mano y no ofrecer el puño.

“El resultado de la comunicación es la respuesta que obtenemos”, nos dice J. Grinder, padre de la Programación Neurolingüística y modelos de comunicación. De nuevo, gracias a los niños que nos hacen de espejo para tener la oportunidad de hacer las cosas mejor cada día.

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