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SOBRE LOS MIEDOS LANZADOS AL MAR (y Cómo Resolverlos Antes De Que Sea Tarde)

Así como el mar, la vida te devuelve tus miedos. Miedos que un día lanzaste con fuerza a la deriva, miedos al querer avanzar, miedos de no afrontar… Y esos miedos vuelven en forma oxidada. Como esa lata que llega a la orilla el día que menos te esperas, y vuelve a ti.

Están presentes, y te recuerdan que te dejaste algo por hacer y por limpiar en el inmenso océano de la vida.

Muchas veces ocurre que cuando algo se nos antoja difícil de afrontar nos abrazamos a la amnesia de nuestros recursos. Nos sentimos vulnerables y dejamos que las cosas pasen, sin más. Pero la vida pasa, no se detiene. Y todo tiene que ver contigo, con lo que haces y cómo decides que pase. Por eso vuelve a ti. Te ofrece la oportunidad del aprendizaje, de superar las barreras, y cada oleaje trae un viento fresco influenciado por muchas otras olas que acompañan a la nueva brisa del momento presente.

A veces ocultamos el sufrimiento a nuestros hijos o a nuestros seres queridos evitando dar una “mala noticia” que no es tanto su sufrimiento, porque es nuestro pesar de no haber sabido hacer las cosas mejor. Ese sufrimiento que se tapa con una manta oscura y fría, se mete en un bote y se lanza en una madrugada a las profundidades del mar, pero saldrá del mar algún día, y para entonces, ¿quién la encontrará?

Te invito a ser consciente de tus decisiones, de tu valentía y tu aprendizaje. Te invito a navegar con aquello que mejor encaje a tu estilo de navegación. Porque puede que te guste navegar en solitario, con una barquita pequeña, o en tabla de surf. Quizás te llene más invitar a personas especiales en tu vida para hacer una navegación conjunta, desde donde organizar un buen crucero y que cada uno escoja sus mejores remos para avanzar hacia un destino común. Ese lugar donde encontraréis vuestro sentido. Y sabes que aquí el destino no es lo importante: es el crucero. Y hay que remar. Remar, y avanzar.

Y si no remas te pierdes.

¿Cómo aprender a navegar en aguas turbias? Aguas que contienen latas lanzadas para olvidar, y que ahora resultan difíciles de sortear entre tanto movimiento. Y cada una de esas latas supone un sufrimiento ciego al que no se le dio luz: el miedo a la crianza, a vivir en pareja, a vivir en soledad, el miedo a afrontar una enfermedad, un duelo, una comunicación en la que sólo bastaba la escucha, uno orgullo que ocupaba el espacio donde dar las gracias, miedo a decir lo siento, a permitir que broten las lágrimas, miedo a abrazar, a sonreír, a bailar entre el canto de sirenas, mientras el faro de la costa te indica hacia donde regresar para sentirte seguro en casa.

Puedes tomar dos opciones:

-Vivir con miedo, renunciando a vivir con la libertad de expresar quien eres, y trasladando la responsabilidad de lo que ocurre en tu vida al entorno, a los demás, a la “mala suerte”

-Tomar las riendas, identificando qué es lo que de verdad te asusta. Y convertirlo en un punto de luz al que al mirarlo de frente pueda suponer:

  • Extraer de tu instinto y experiencia la sabiduría que te permita seguir remando de forma consciente. 
  • Pedir ayuda cuando no sepas cómo manejarlo
  • Conocerte, aceptarte y agradecerte todo cuanto haces por tí

El mar es sabio, nunca está parado por muy en calma que lo encuentres. El mar siempre vuelve a tierra en forma de olas, empatía, compasión y perdón. Perdona tu desdén por descuidarlo, pero recuerda lo que es tuyo y te dejaste en él, y te lo llevará de vuelta a la orilla. Es a ti a quien pertenece cargar con su peso y su recuerdo.

Así que ahora, guarda tu manta, libera tu miedo y recoge tus latas. Es el momento de navegar en aguas cristalinas, templadas y calmas.

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