Saltear al contenido principal
TODOS LOS NIÑOS TIENEN DERECHO A SU PROPIA HISTORIA DE VIDA

Cada niño y cada niña refleja su mejor versión de supervivencia, en relación al entorno en el que se desarrolla: familiar, educativo o escolar, y social.

Desde el entorno familiar se comienzan a dar las primeras interacciones sociales, en una situación natural tras el nacimiento. Estas interacciones están vinculadas con el tipo de comunicación, la relación a nivel emocional y el reconocimiento del cuidado físico y emocional de cada bebé, teniendo en cuenta que la educación emocional de los hijos no empieza cuando estos nacen, comienza desde el útero.

¿CÓMO ES EL DESARROLLO DEL AUTOCONCEPTO?

Desde los primeros contactos afectivos hasta sus interacciones entre los 18-24 meses, los bebés aprenden a identificar quienes son y cómo son a través de cómo interpretan la información que reciben sobre ellos, por parte de sus figuras de referencia cercanas: mamá, papá, abuelos, sus cuidadores más cercanos y con quien establece un vínculo especial de cuidados.

Y esta información le llega por diferentes vías:

  • Los diferentes niveles de comunicación e interacción con el entorno.
  • La devolución de una imagen más o menos ajustada de su autoimagen y su papel en la familia, y poco a poco, en el mundo en general.
  • Los mecanismos de descodificación de la información que recibe. Por un lado de la información que aquéllo que le ocurre, de sus experiencias; y por otro lado, de su relación con los demás y la respuesta que recibe de ella.

Y, ¿que hace con esta información? Esta información se convierte en acciones, conductas, como respuesta a este rápido proceso de asociación de emociones, reacciones y pensamientos.

También influye cómo sea el temperamento de cada bebé. Se sabe que al igual que hay una carga genética que hace que un bebé nazca pelirrojo y con ojos azules, hay también una valor añadido en el temperamento que cada bebé presenta desde el nacimiento, y es por eso que cada cual somos diferentes… incluso aunque nos ocurran las mismas cosas. Influirá qué nos ocurra y, sobre todo: cómo lo interpretemos y cómo lo gestionemos, para ir desarrollando las competencias emocionales, desde bien pequeños.

¿QUÉ SON LAS COMPETENCIAS EMOCIONALES?

Las competencias emocionales son, según Daniel Goleman: “la capacidad adquirida basada en la Inteligencia Emocional que da lugar a un desempeño laboral sobresaliente”. Y podemos añadir que son competencias necesarias para el desenvolvimiento en la vida que aprendemos, desarrollamos, modificamos y tratamos de perfeccionar desde la infancia hasta toda la vida.

Tienen que ver con:

  1. El autoconocimiento. Conocer quién soy desde la conexión con mis emociones y la experimentación de sus consecuencias.
  2. El autocontrol emocional, que poco a poco se puede ir regulando a medida que nuestro cerebro va madurando (alrededor de los dos años) y necesita de límites y un apego seguro para identificar y saber gestionar cada emoción que nos emerge en cada momento, con su diferente intensidad. Su consecuencia, si no se educa, puede llevar a la autolesión o lesionar a otros. Lesiones no solo físicas, también lo son las emocionales.
  3. Aprendizaje y automotivación. No dejarse llevar por una emoción intensa que limita los recursos personales, viene a consecuencia de saber hacer una buena lectura de las situaciones que han de afrontarse desde una motivación interna para aprender de cada experiencia.
  4. Empatía, entendida como capacidad cognitiva de percibir lo que sienten los demás. Algunos autores hablan de empatía que se aprende y empatía natural, con la que nacemos. Si no desarrollamos esta capacidad de conectar con la emoción de las personas con las que nos comunicamos y convivimos en el mismo planeta, no seremos capaces de tener unas relaciones sociales saludables.
  5. Las habilidades sociales. La capacidad de comprender los sentimientos de los demás y los nuestros propios expuestos en la relación que se da dentro de cualquier comunicación humana. Las habilidades sociales facilitan la buena comunicación y el buen entendimiento para fomentar relaciones empáticas, saludables, respetuosas y afectivas. Es un “tratar bien a los demás mientras te tratas bien a tí mismo/a”.

¿QUÉ HACE QUE SE DESARROLLEN MEJOR O PEOR ESTAS COMPETENCIAS EMOCIONALES?

Un papel no ajustado a la personalidad que expresa el niño o la niña desde la infancia, especialmente en su entorno familiar, hace que desarrolle unas características inadaptadas a su propia naturaleza. Por lo contrario, se adaptarán más a las expectativas de sus propios progenitores sobre los deseos de cómo quisieran que fuese.

Ni siquiera tendrá la posibilidad de conocerse, aunque desarrolle grandes habilidades sociales con la intención de sobrevivir sintiéndose aceptado.

Y si se da esta situación, que por descontado suele ser de manera inconsciente deseando “lo mejor para nuestros  hijos”, es más que posible que el niño o niña esté desarrollando una capa de personalidad en la que aparecerá:

  • Inseguridad
  • Desconfianza en sus propias capacidades
  • Desconocimiento de sí mismo
  • Desconexión de sus emociones
  • Frustración, por la “incapacidad” sentida de cambiar su rumbo.

Lo malo ocurre cuando tenemos delante una situación que nos exige actuar con seguridad y confianza. Puede que en situaciones especiales dentro de la familia, o en el colegio con otros iguales que quieren aprovecharse con algún tipo de abuso de poder, o ya en la edad adulta tanto con la elección que hagamos del tipo de pareja, o en el ámbito laboral, con compañeros de oficina o una figura de rango superior al nuestro. TODO, TODO sale. Las situaciones están ahí para enseñarnos algo…

Ante una situación de estrés, y miedo, la psicóloga Esly Regina Carvalho en su libro “Sanando la Pandilla que vive Adentro” nos habla de 3 posibilidades de reacción del ser humano: huida, agresividad y parálisis. 

¿Cuál crees que es la alternativa más peligrosa para la salud emocional tanto de un niño como de un adulto? Pues sí, si has pensado en parálisis, has acertado. Todo lo que nos paraliza nos impide seguir generando conexiones neuroquímicas, necesarias para los siguientes aprendizajes. Nos irán asaltando nuevos “parches” que nos impidan aprender y resolver problemas. Desde la asociación que se haya establecido en un primer momento cuando eso que nos impactó nos provocó esa parálisis, poco a poco irá extendiéndose a más personas, más situaciones de nuestra vida, como una mancha de aceite que nos impide avanzar libre y protegidamente.

En cualquier caso, la ausencia de educación en las competencias emocionales nos llevaría a todos al miedo a la libertad, por la incapacidad de elaborar nuestra propia historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba